lunes, 20 noviembre, 2017 12:45 am
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Sir John Cornforth, el Nobel de Química que cambió nuestras vidas | Ciencia


Si hay un ejemplo de que nada puede frenar lo que se desea con fuerza y se lucha por conseguir, este es John Warcup Cornforth, que a pesar de perder completamente la audición a los 20 años, logró desarrollar una brillante carrera científica en el campo de la química llena de descubrimientos, publicaciones y reconocimientos a nivel mundial.

John Cornforth ha pasado a la historia de la ciencia química por resolver detalles de la vía biosintética compleja. Las aportaciones realizadas por Cornforth han estimulado estudios sobre el mecanismo de una gran variedad de reacciones catalizadas por enzimas, muchas de las cuales son importantes en el descubrimiento de fármacos. Elaboró un procedimiento práctico de obtención de cortisona, realizó investigaciones sobre el espectro estereoquímico de las reacciones enzimáticas, estableció la secuencia genética del ácido mevalónico y estudió la síntesis del ácido málico y del ácido cítrico.

John Warcup Cornforth nació en Sydney (Australia) el 7 de septiembre de 1917. Fue el segundo de cuatro hijos de John William Cornforth, un profesor británico de inglés, y de Hilda, una enfermera nacida en Australia. Cuando tenía 10 años notó los primeros síntomas de sordera, aunque la pérdida total de audición por otosclerosis se produjo una década después, lo que permitió al joven John tener tiempo para pensar en su futuro con profesiones en las que la sordera no fuera una discapacidad insuperable.

La incipiente sordera fue lo suficientemente gradual para que pudiera asistir sin problemas a la educación secundaria y sacar provecho de la enseñanza. Siempre recordó a un buen joven profesor, Leonard Basser, que le influyó en la orientación a la química.

El joven John Cornforth ingresó en la Universidad de Sydney a la edad de 16 años y, aunque en es momento ya no podía escuchar conferencias, le atrajo el trabajo de laboratorio en química orgánica. Esta pasión procedía en parte por la familiaridad que tenía con un laboratorio improvisado que se había hecho en casa a los 14 años, y también por la disponibilidad de la literatura química original, que devoró sin descanso.

En 1937 John Warcup Kappa Cornforth se graduó como el alumno más destacado, le concedieron una medalla de la universidad y logró una beca para trabajar en Oxford con Robert Robinson. El apodo Kappa lo adquirió en esa época, por la letra griega que él utilizó para identificar su cristal de laboratorio personal.

Cada año la universidad concedía dos becas y la otra fue ganada por Rita Harradence, también de Sydney y también una química orgánica. El destino quiso que esta asociación química durase toda la vida, ya que contrajeron matrimonio en 1941. Juntos escribieron más de 40 artículos científicos y ella no solo fue su principal valedora, sino también quien le ayudó a comunicarse debido a su sordera.

La Segunda Guerra Mundial estalló durante su viaje a Oxford y, una vez finalizado su trabajo de doctorado, John Cornforth formó parte del principal proyecto químico del laboratorio de Robinson durante la guerra, relativo a la penicilina. John Cornforth contribuyó a escribir el libro titulado La química de la penicilina, que era el compendio de un gran trabajo a nivel internacional, pero antes había descubierto lo que iba a ser una reacción clave para la síntesis de los esteroides, por lo que después de la guerra regresó a esa investigación.

En 1946 se incorporó a la plantilla del Consejo de Investigación Médica para trabajar en su Instituto Nacional, primero en Hampstead y después en Mill Hill, hasta que en 1951 fue capaz junto con Robert Burns Woodward de completar la síntesis total de un esteroide no aromático.

John Cornforth comenzó entonces a colaborar con el bioquímico médico George Popják en la biosíntesis del colesterol y esto continuó cuando Popják se trasladó al hospital de Hammersmith. En 1962 Cornforth y Popják trabajaron como codirectores del laboratorio Milstead de la compañía Shell, donde consiguieron la promesa de que podían invertir el 50% de su tiempo a sus propios trabajos de investigación en un laboratorio construido con sus especificaciones. Debido a que la sordera de Cornforth hizo imposible el uso del teléfono, el laboratorio tenía uno de los primeros tipos de fax instalados para poder comunicarse con rapidez y precisión.

El trabajo inicial de John Cornforth sobre la vía del colesterol estaba por aquel entonces en sus últimas etapas, descubriendo que el mevalonato es un intermedio clave en la biosíntesis del colesterol. John y su esposa Rita sintetizaron una serie de muestras de mevalonato en las que átomos específicos de carbono y/o hidrógeno fueron reemplazados por sus isótopos. Esto permitió que los pasos catalizados por la enzima entre mevalonato y escualeno fueran estudiados y plenamente comprendidos.

El estudio de la estereoquímica de las diversas reacciones catalizadas por enzimas se inició en este momento y condujo, después de muchos años, al descubrimiento del origen estereoquímico preciso de los 50 átomos de hidrógeno en el escualeno biosintetizado a partir de mevalonato.

En 1975 fue galardonado con el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre la estereoquímica de las reacciones catalíticas de las enzimas junto a su compañero, el químico suizo Vladimir Prelog. El anuncio del premio lo dejó claro: “Este es un tema difícil de explicar al lego en la materia”.

Fue nombrado profesor de química en la Universidad de Sussex y, en 1977 obtuvo el reconocimiento de sir por la reina Isabel II. Después de jubilarse cuando tenía 65 años, continuó trabajando en la Universidad de Sussex hasta los 90 años. Durante este periodo, en un artículo titulado Una comedia de errores, resolvió un problema estructural por el que se habían publicado soluciones científicas erróneas. También tuvo tiempo de proporcionar una síntesis de la hormona vegetal del ácido abscísico y continuó el trabajo sobre la química heterocíclica.

John Cornforth, que también era un formidable jugador de ajedrez y disfrutaba de la jardinería, la poesía y de jugar al tenis. Falleció el 8 de diciembre de 2013 a los 96 años, un año después que su esposa Rita, con quien tuvo tres hijos que le dieron dos nietos y cuatro bisnietos.

Hoy Google homenajea con su doodle al gran científico de origen australiano en el día en el que habría cumplido 100 años. En el doodle aparece su imagen junto a probetas y fórmulas que reconocen al profesor universitario que tantos descubrimientos logró para curar enfermedades y mejorar la vida de millones de personas.


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